Sala Equis

Ciclos

TE QUIERO, NO TE QUIERO

Llega febrero, y con él San Valentín, fecha que transforma uno de los meses más fríos del año en uno de los momentos más cálidos del invierno. Si lo pensamos un poco, no parece un mal plan pasar una tarde, al calor de una buena manta, en buena compañía y frente a una gran pantalla. Incluso mejor: hacerlo en Sala Equis, descubriendo uno de los tentadores títulos que este mes tienen como protagonista a ese festival de sentimientos y sensaciones encontradas que muchos definen como (des)amor.

Y como marca su propia condición humana, el amor ofrece mil y un formatos y caras: incondicional e intenso como el de Lady Gaga y Bradley Cooper en Ha nacido una estrella, idílico y escurridizo como el de los protagonistas de Cold War; en ocasiones se aproximan en encuentros sexuales efímeros como hacen gala algunos de los bailarines de Climax.

En nuestro ciclo, también se dan cita esos sentimientos que llamamos puros e incipientes, como el de Carmen y Lola, y cuya verdad se verá enfrentada a los aún hoy excluyentes tabúes sociales. O bien los amores fugaces, como los que se ilustran en las relaciones noctámbulas de I hate New York; o encandiladores, como el que le afecta a Andrew Garfield en Lo que esconde Silver Lake. Lo que queda patente, en esta colección de películas, es que para amar se impone el buen humor. En esta liga, apostamos por una clara ganadora, y el mismo día del santo patrón del amor (14 de febrero): la comedia romántica de Juliet, Desnuda.

Lo que esconde Silver Lake

Sam (Andrew Garfield) es un tipo desencantado de 33 años que descubre a una misteriosa mujer, Sarah (Riley Keough), bañándose en la piscina de su apartamento. La conexión entre ambos es inmediata,...

Carmen y Lola

Carmen y Lola son dos adolescentes gitanas del extrarradio de Madrid que tratan de llevar hacia delante su romance, a pesar de los inconvenientes y discriminaciones...

I hate New York

Cuatro artistas y activistas transgénero de la escena underground neoyorquina relatan en primera persona sus vivencias y sus luchas por una identidad propia, en un recorrido vital a caballo entre el activismo...

Juliet, desnuda

Annie (Rose Byrne) y Duncan (Chris O´Dowd) están cerca de la cuarentena y son pareja desde hace quince años. Ambos llevan una vida tranquila, pero a Annie le inquieta el paso del tiempo sin ninguna...

Clímax

A mediados de los 90, unos jóvenes bailarines hacen su última coreografía y luego celebran una fiesta alrededor de una gran fuente de sangría. Pronto, la atmósfera se vuelve eléctrica y una extraña...

Ha nacido una estrella

Jackson Maine (Bradley Cooper) es un músico veterano cuya carrera se encuentra en las últimas. Maine descubre a una talentosa cantante llamada Ally (Lady Gaga), una joven aspirante a estrella que sueña...

Cold war

Polonia, años 50. En un país marcado por las heridas sufridas en la II Guerra Mundial, las nuevas autoridades comunistas promocionarán la creación de un grupo de músicos que, a través del folklore...
POLÍTICAMENTE INCORRECTO

El ser humano es ingobernable por naturaleza. Y parece que sus propias normas fueron creadas para incumplirlas. Este viene a ser el gran eslogan del ciclo que nos ocupa, donde la corrupción viajará a través de los fotogramas como lo hace
la sangre por las venas de sus protagonistas. Porque si algo subrayan estos títulos es que la avaricia y los deseos de poder del mismo ser humano no entienden de fronteras, culturas o periodos históricos. La lectura sería algo así como: a nadie le amarga un buen fajo de billetes.

Dick Cheney, Silvio Berlusconi, o la no demasiado metafórica red de corrupción española reflejada en El Reino son algunos de los grandes protagonistas de nuestro ciclo más políticamente incorrecto, y nunca mejor dicho. Menos mal que hay corruptelas que también pueden resultar divertidas, como las que imagina el maestro José Luis Cuerda que, entre risas y no entre lágrimas, en un futuro lejano estaremos a salvo de tanto pillaje. Que nos pille preparados.

CASSAVETES

Tan arrogante e impulsivo como auténtico y transgresor. Con el dinero que ganaba como actor John Cassavetes rodaba sus películas, siempre desafiantes, intransigentes y reveladoras. Y siempre al margen de la industria de Hollywood.

A finales de los años ochenta, ninguna de las películas de Cassavetes estaba disponible en vídeo. Sony le había ofrecido una cuantiosa cifra por comercializarlas, pero el cineasta se negó: “¿Tú piensas que yo quiero ser popular?”, dijo Cassavetes a su biógrafo. “¿Crees que quiero que mis películas circulen en vídeo?’’

Eso es, obviamente, algo que el tiempo no pudo evitar. Y con los años, muchas personas han tenido la oportunidad de acceder al exquisito opus cinematográfico del autor a través de la pequeña pantalla. Pero este mes de febrero, en Sala Equis, reivindicamos los deseos del conflictivo y transgresor genio neoyorkino programando cinco de sus obras esenciales, de nuevo, en la gran pantalla.